decirte que todo irá bien siempre,
asegurarte
que no habrá viento que nos mueva,
jurart e que no saldrá ningún daño de mis manos
hacia tu pecho.
Podría prometerte un amor seguro,
un futuro atado con un lazo de purpurina,
darte la dirección de nuestra casa que aún no existe,
llevarte a cenar, adornarte el armario e invitarte de vacaciones,
las medidas exactas de nuestro futuro,
una rutina sellada con la tinta del compromiso.
Pero las promesas
son seres cobardes que posponen mentiras futuras.
Yo prefiero decirte
que mientras estés conmigo
no volverás sola a casa,
que la semana que viene
daremos un paseo sin hora de vuelta
porque es verano
y te hace una cara preciosa,
que te quiero más que ayer
y quién sabe mañana.
Mi amor,
yo prefiero hipotecar mi vida a tus manos
que a la tranquilidad,
no saber a dónde voy
pero sí con quién,
hacer el futuro en nuestro presente,
deshacerme de la doctrina del reloj
y pasearte por mi vida
sin que importe la puntualidad.
Yo prefiero
mojarte el corazón
cuando te duela,
amarrarte a mí cuando vengan tempestades
para que nos lleven, pero juntos,
curarte con cuidado y paciencia
las heridas que pueda causarte
en vez de marcharme,
responderte hoy, nosotros
cuando me preguntes qué quieres ser de mayor.
Yo no te voy a prometer
un futuro feliz y seguro,
yo no voy a poder salvarte la vida siempre,
yo no te voy a ocultar
mis tropiezos, mis tristezas y mis fallos,
yo no te voy regalar
un amor para siempre.
Yo te voy a dar
un presente imprevisible,
yo voy a cruzar contigo
todos los semáforos en rojo del Distrito,
yo voy a llorar contigo
hasta cuando sea de ti,
yo voy a quererte de tal modo
que sientas que cada día que lo hago
lo estoy haciendo para siempre.

