Un domingo de tantos
No tengo nada de lo que escribir,
llevo sentado en este folio en blanco
una hora y media.
No ha venido ni una sola chica a decirme hola,
tampoco adiós.
Hay que reconocer que siempre he sido mejor poeta
en las despedidas.
Pero ahora no hay nadie que pueda despedirse de mí,
porque no hay nadie que haya venido a quedarse.
Va a ser difícil escribir este poema.
No me gusta el blanco.
Cierta chica decía que ella se casaría de blanco,
que cuando yo me muriera,
(porque yo era tan buen hombre que me moriría antes que ella)
se vestiría de negro
y que entre nuestra boda y mi muerte
me dejaría siempre escoger el color de sus bragas.
Luego se marchó antes del blanco
y lo dejó todo negro
y el color de sus bragas me importó tanto
como la vida de una mosca en Ucrania.
En fin, que aquí estamos este folio en blanco y yo.
Es domingo. Enero. Y no hace frío.
He visto a Sandra Romain abierta de piernas
en una escena lésbica,
a veces me gustaría ser mujer,
aunque cuando pienso en los hombres
las ganas se me pasan enseguida.
He ido a darle dos besos a mi madre,
he mirado allí mi libro,
va por la misma página desde hace un mes.
Supongo que no me lee
porque me desconoce metido en una jaula
de palabras malsonantes.
Hace bien.
Me ha sugerido que me afeite,
que ninguna mujer va a querer besarme si pincho,
le he dicho que es la moda de ahora.
- ¿No besarte es la moda? Pues está durando mucho hijo.
- La barba mamá, la barba.
Ella ha sonreído y me ha besado.
Como si no fuera mujer.
Ya no está tan blanco este folio.
Aunque no creo que pueda llamarse poema.
Rara vez se llamar a las cosas por su verdadero nombre,
a ella la llamaba gordita,
a mis "amigos" por sus apodos,
al amor sexo,
al sexo placer,
al placer risa,
a la risa como ella
y a ella gordita.
Así sucesivamente.
Y a mí ni siquiera me llaman,
ni yo me nombro
no vaya a ser que responda
alguien al que odio.
Ya ha anochecido,
lo mejor de la tele cabe en un anuncio de colonia,
Charlize se descalza y sube por un telón dorado
ignorando que el futuro es ella misma.
Imagino que huele a despedida.
Y sigo escribiendo.
Alejándome de este blanco que me recuerda
que una vez estuve a punto de casarme
y que ahora no puedo morirme antes que ella
sobre todo porque ella
ya se murió
y de eso por suerte
hace ya muchos versos.
Y demasiados blancos.
Así
como un bicho raro
dimecres, 3 de juny del 2015
divendres, 22 de maig del 2015
decirte que todo irá bien siempre,
asegurarte
que no habrá viento que nos mueva,
jurart e que no saldrá ningún daño de mis manos
hacia tu pecho.
Podría prometerte un amor seguro,
un futuro atado con un lazo de purpurina,
darte la dirección de nuestra casa que aún no existe,
llevarte a cenar, adornarte el armario e invitarte de vacaciones,
las medidas exactas de nuestro futuro,
una rutina sellada con la tinta del compromiso.
Pero las promesas
son seres cobardes que posponen mentiras futuras.
Yo prefiero decirte
que mientras estés conmigo
no volverás sola a casa,
que la semana que viene
daremos un paseo sin hora de vuelta
porque es verano
y te hace una cara preciosa,
que te quiero más que ayer
y quién sabe mañana.
Mi amor,
yo prefiero hipotecar mi vida a tus manos
que a la tranquilidad,
no saber a dónde voy
pero sí con quién,
hacer el futuro en nuestro presente,
deshacerme de la doctrina del reloj
y pasearte por mi vida
sin que importe la puntualidad.
Yo prefiero
mojarte el corazón
cuando te duela,
amarrarte a mí cuando vengan tempestades
para que nos lleven, pero juntos,
curarte con cuidado y paciencia
las heridas que pueda causarte
en vez de marcharme,
responderte hoy, nosotros
cuando me preguntes qué quieres ser de mayor.
Yo no te voy a prometer
un futuro feliz y seguro,
yo no voy a poder salvarte la vida siempre,
yo no te voy a ocultar
mis tropiezos, mis tristezas y mis fallos,
yo no te voy regalar
un amor para siempre.
Yo te voy a dar
un presente imprevisible,
yo voy a cruzar contigo
todos los semáforos en rojo del Distrito,
yo voy a llorar contigo
hasta cuando sea de ti,
yo voy a quererte de tal modo
que sientas que cada día que lo hago
lo estoy haciendo para siempre.
Mi chica revolucionaria
divendres, 15 de maig del 2015
LORETO SESMA
Si
nos da miedo el amor, es porque hubo una vez nos hicieron daño, o
incluso dos. Y cuando a la tercera, cuando en teoría va la vencida, lo
que ocurrió es que realmente nos dimos por vencidos. Así que no juzgues a
alguien por lo que quiere o deja de querer, porque a lo mejor tiene el
corazón echo añicos y unas cicatrices en su piel que no se irán por
mucho tiempo que pase. El amor es ese tren que no es que no espere, sino
que atropella. Pero es dirigido por alguien por quien te habrías tirado
a las vías una y otra vez. Por eso no vuelve a pasar, porque cada amor
mata. Y la ilusión del siguiente es lo que resucita, y por eso hay quien
dice que si no has muerto por lo menos siete veces en vida es que no
has vivido nada. Hay que tener un par de cojones y mucho pero que mucho
coraje para enamorarte, porque aquel que te sonríe es el mismo que una
mañana te dejara las sabanas frías y un hueco imposible de llenar en tu
cama. Hay que ser valiente para querer enamorarte de alguien aún
sabiendo que sera el poema más bonito pero también el más jodido de
escribir cuando todo se apague. Tienes que ser un jodido héroe para ser
capaz de salvar la sonrisa de alguien cuando este naufragando en
lagrimas y todo su mundo se haya reducido a un mar de donde no ahí
posibilidad de rescate, pero llegues tú y le digas: Mira, no se si ira
todo bien, pero si te ahogas te prometo que lo haremos juntos. Imbécil
es lo que eres si cedes tu canción favorita pensando en esa persona,
porque luego cuando la escuches toda partitura, palabra, sílaba y sonido
sera un recuerdo llamando a tu puerta. Así que te pido que tengas mucho
cuidado. Te dirán que el amor solo tiene un final posible y es el
olvido. Pues olvídales tu a ellos. Veras a tu alrededor historias rotas y
escritos como esto. Que te sirvan de motivo para demostrarnos que todo
es posible. Huye de quien te diga como vivir, porque ni el ni nadie
tenemos ni puta idea de como hacerlo. Y arriésgate, porque echar de
menos es como si el corazón dijera: Oye, me rindo, a mi no me jodes más.
Y yo no es por joder, pero si ensuciamos tanto la palabra amor, si
creemos que sabemos querer, es por gente como tú.
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